Saturday, January 5, 2019

Desde el otro lado (Relato casi navideño)


Va a huir de la cena navideña. Ha ido a refugiarse  al servicio, por suerte, lo encuentra vacío, está frío pero también silencioso. Se apoya en la pila de lavarse las manos pero no le gusta la cara descompuesta que ve reflejada en el espejo, por eso se da la vuelta y se queda mirando fijamente la pared. Lleva la llave del coche en el bolsillo del pantalón, me voy de aquí, no soporto al tipo de enfrente ni el perfume dulzón de la de al lado, ¿quién es? ¿la novia de alguien? ¿quién se trae a la novia a la cena del trabajo?
     Si pudiese detener los recuerdos de las otras navidades que la asaltan a cada minuto: la primera cabalgata de su hija, la mirada del pequeño al ver por primera vez el árbol de Navidad iluminado. Cuando estaban juntos, los cuatro. Todos ellos acuden en tropel a lo largo del día y no la dejan respirar. Las conversaciones no la distraen, no puede escapar de esa sensación de desamor y desencuentro que tras la separación, se ha ido instalando en el centro del pecho ,vive ahí, no se va nunca. Lo rutinario del trabajo, los perfumes empalagosos, los recuerdos intensos, el amor que fue diluyéndose en el día a día hasta desparecer; todo ello forma una maraña que,  a ratos, la hace tropezar al andar.
     ¿Cómo salgo yo de aquí? Bajo el secamanos empieza a ver una brecha, primero le parece que la pared está solo desconchada, pero ve caer la pintura a trocitos y un hueco se va abriendo lentamente dejando salir un humo polvoriento que huele a limpio.
     Al ver la rendija se aproxima, se arrodilla delante y espera que la abertura siga creciendo. Acerca dos dedos y toca el humo polvoriento que sale, el roce de su mano acelera el ensanchamiento de la grieta, entonces, introduce los dedos que atraviesan el hueco sin hallar resistencia y, seguidamente, el brazo. Allí dentro nota una brisa entre los dedos y una sucesión confusa de olores que le llega evocan su pasado:  años de juventud,  libertad y  descubrimiento. Duda antes de introducir la cabeza pero está claro que el otro lado la está llamando y la va a sacar de la cena navideña.
Una vez ha cruzado todo el cuerpo, se encuentra en un pasillo largo y oscuro, es el de su piso de soltera. Camina hacia el baño donde hay luz, en el comedor parpadean las luces de colores que siempre han decorado sus navidades. Allí, frente al espejo, con el pelo muy corto, se ve a sí misma levantando la vista. Las miradas se encuentran en el reflejo, su yo joven se gira y las dos se abrazan.

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